Marruecos aplaza los exámenes por la final de la Copa África
Cuando un país mueve los exámenes por un partido, la final deja de ser solo fútbol. Marruecos ha aplazado pruebas en primaria y secundaria por la coincidencia con la final de la Copa de África y la medida ha terminado de retratar el clima que se vive en Rabat. El domingo, el anfitrión se juega un título que persigue desde 1976 y enfrente tendrá a Senegal, un rival hecho para este tipo de noches y construido para no conceder nada.
Un país que reordena la agenda por la final
El Ministerio de Educación Nacional, de Preescolar y de los Deportes ha anunciado este viernes el aplazamiento del examen unificado local y de los controles del primer semestre en primaria y secundaria, previstos en fechas que coincidían con la final. Las pruebas se reprograman para los días 20 y 21 de enero. En el comunicado, el ministerio justifica la medida por el solapamiento con el partido y por el entusiasmo que la cita ha despertado entre el alumnado y las familias.
La final se juega el domingo 18 de enero a las 20:00 en el estadio Prince Moulay Abdellah de Rabat, una ciudad instalada ya en modo partido grande.
El peaje contra Nigeria
El combinado del norte de África llega a la final después de una semifinal de nervios, cerrada y sin goles, que solo se resolvió en los penaltis ante Nigeria. La tanda terminó 4-2 y tuvo un protagonista claro, Yassine Bounou, decisivo con dos paradas. El billete devuelve al anfitrión a una final continental cargada de peso emocional, con el país sintiendo que está a un paso de cerrar una espera larguísima.
Senegal, por su parte, avanzó con un 1-0 ante Egipto, en un partido de paciencia y colmillo que decidió Sadio Mané, y llega a la capital marroquí con esa sensación propia de los equipos maduros: saben competir incluso cuando el encuentro se atasca y el gol no llega.
Dos planes distintos
La previa se dibuja como una final de centímetros. En solidez, ambos han mostrado perfiles muy parecidos, con unas defensas que reducen al mínimo los escenarios de peligro y porterías que casi no conceden. La diferencia aparece en los matices y en la forma de llegar.
Los Leones del Atlas han destacado por lo poco que permiten. El equipo de Regragui solo ha encajado un gol en todo el torneo, sostiene un alto porcentaje de duelos defensivos ganados y suma más intercepciones que Senegal, señales de un bloque que protege su área y se siente cómodo cerrando espacios incluso cuando el partido exige paciencia. Y además no ha renunciado al ataque, es el conjunto más goleador del campeonato, con 18 tantos.
Los chicos de Pape Thiaw, en cambio, han construido su candidatura desde el control y una presión organizada. Se mueven por encima del 60% de posesión, recuperan arriba sin desordenarse y manejan mejor los ritmos, construyen con calma y aceleran cuando detectan la ventana, especialmente con cambios bruscos de velocidad. Sus cifras también sostienen el relato, solo 2 goles encajados y 12 marcados.
La presión de la historia
El contexto pesa y la historia también. Marruecos juega en casa y persigue su primer título continental desde 1976, un cóctel que puede empujar, pero también tensar cuando el partido se atasca. Senegal, por su parte, llega con el oficio de quien sabe competir sin necesidad de mandar siempre, con una identidad muy asentada y la paciencia suficiente para esperar su momento.
El cara a cara, además, alimenta el relato. En 31 enfrentamientos, El Reino del Magreb ha llevado la iniciativa del historial, con 18 victorias por 6 de Senegal y 7 empates. Y la tendencia reciente refuerza esa ventaja, porque en los últimos seis duelos los anfitriones han ganado cuatro. Según los datos de la Confederación Africana de Fútbol, Los Leones de Teranga no se imponen a la selección marroquí desde 2012.
Un balón especial para un partido especial
La final tendrá también un símbolo propio. La CAF y PUMA han presentado una edición conmemorativa del balón oficial ITRI para este partido, con detalles dorados y un diseño inspirado en el zellige marroquí, un guiño que viste la cita y vuelve a situar a Rabat en el escaparate.
Lo que no abunda, en cambio, son las entradas. La demanda se ha desbordado hasta dejar el estadio prácticamente inaccesible por las vías normales. Los precios oficiales que se movían en torno a 37-85 euros han quedado muy lejos de la realidad de la calle, donde la reventa se ha disparado y el mercado paralelo habla de cifras que rondan los 500 euros y pueden escalar hasta los 1.000, en zonas VIP. También ahí se juega la final, en el pulso entre el deseo de estar y la escasez de sitio.