lo del Como no es casualidad
Cesc Fàbregas (Arenys de Mar, 1987) tenía un plan. De primeras, pudo parecer descabellado. El Como 1907 volvía a la máxima categoría del fútbol italiano más de dos décadas después, siendo la 2002/03 su última temporada en la Serie A. Ambicioso como el que más, no se marcaba la permanencia como objetivo, sino dejar huella en la competición. Y, para ello, trabajó codo a codo con la dirección deportiva de la entidad lombarda para construir una plantilla lo suficientemente capacitada para competir con los más grandes.
Sólo un genio como Cesc sería capaz de situar a la ciudad mundialmente aclamada por su lago, bordeado por los Alpes Italianos y en forma de ‘Y’, en el mapa futbolístico. Colgó las botas en verano de 2023 y, alejado del foco mediático, cambió el balón por la pizarra y cogió las riendas del sub-19 del Como… aunque duró poquísimo. Pasó de ser el entrenador interino a convertirse en entrenador asistente de Osian Roberts en cosa de un mes. Por cuestiones legales, de título, vaya, porque Cesc era la cara visible del proyecto. Y, en julio de 2024, tras el ascenso, pudo presumir de ser el entrenador ‘oficial’.
Sello propio
Quería impregnar su sello: dominar el juego a través de la posesión, construyendo desde atrás con calma y precisión, siempre con la portería rival entre ceja y ceja. Para ello, apostó por una fórmula que, con el transcurso de los meses, le daría tremendo rédito: un cóctel de jugadores experimentados que aportasen liderazgo y jóvenes promesas a pulir y moldear.

Cesc Fàbregas, junto a Nico Paz / X
Ha sabido identificar futbolistas que encajen con su filosofía: centrocampistas inteligentes y creativos, laterales con recorrido o centrales con buen pie. Perfiles que encajen tácticamente y sean, sobre todo versátiles. Cesc anima a sus chicos a construir y generar desde atrás, pero esa idea no resta efectividad al ataque, ya que el catalán promueve un juego ofensivo con profundidad, dispuesto a romper las líneas rivales.
La formación predilecta del de Arenys de Mar suele ser la 4-2-3-1. Los laterales se estiran y uno de los pivotes se hunde para formar una línea de tres centrales. A partir de ahí, se forma un rombo con el otro pivote, los interiores/extremos y el mediapunta. Y, una vez superan la primera presión rival, buscan balones en profundidad, con el punta realizando desmarques de ruptura constantes.

Cesc Fàbregas celebrando la permanencia del Como / EFE
Cocido a fuego lento
Por eso —y por muchas otras razones— el Como está donde está. Esa mezcla de galones, juventud, frescura y disciplina, sumada a la mano de Cesc, llevó al conjunto lombardo a derrotar con autoridad a rivales de peso como Juventus o Nápoles y a escalar hasta la sexta posición. Venía de sellar la permanencia con holgura y de terminar décimo en su año de regreso, y estaba decidido a superar esa marca.
Con talentos como Jacobo Ramón, Álex Valle, Máximo Perrone, Martín Baturina, Jesús Rodríguez, Assane Diao o, la joya de la corona, Nico Paz, y futbolistas consolidados en la élite como son los casos de Alberto Moreno, Diego Carlos, Anastasos Douvikas, Álvaro Morata o el exculé Sergi Roberto, el Como logró convertirse en un equipo con una identidad propia y que da gusto ver jugar al fútbol.
Al final, los datos hablan por sí mismos: sextos en la Serie A y en puestos europeos, además de alcanzar las semifinales de la Coppa Italia tras eliminar al Nápoles en cuartos. Todo ello, como decíamos, con una propuesta atrevida y atractiva, y con una plantilla cuya edad promedio no supera los 25 años. Entonces, surge la gran pregunta: ¿cuál es el techo del Como? ¿Y cuál es el de Cesc?