por qué el Como es una excepción en la Serie A

En el primer partido tras el fallecimiento de Micheal Hartono, cabeza de un imperio comercial en Indonesia y propietario del 49% del club, adquirido en 2019 cuando aún militaba en la Serie D (cuarta categoría italiana), Cesc Fàbregas y sus jugadores le regalaron una manita al Pisa con sabor a Champions. El Como es cuarto, amplía a +3 sobre la Juventus, frenada con un 1-1 en casa por el Sassuolo, y ahora es dueño de su propio destino: la Champions ya no es un espejismo, sino un objetivo concreto.

Si el club lariano ha logrado en solo seis temporadas pasar de la tercera división italiana a una posible clasificación para la Champions, el mérito no es únicamente de los fondos puestos por la propiedad. Es cierto: los 125 millones gastados en el último mercado son un lujo que pocos equipos en Italia pueden permitirse, pero el Como, sobre todo, ha gastado muy bien, con una visión clara, orientándose en la dirección hacia la que va el fútbol europeo.

Por eso, en Italia representa una excepción, a menudo mal tolerada y antipática para entrenadores -como demuestran los numerosos roces entre Cesc y sus colegas- y para los profesionales del sector. En un país futbolísticamente estancado, fuera de los cuartos de Champions y fuera de dos ediciones del Mundial (en estas dos semanas pueden ser tres), el Como representa la bocanada de aire fresco que puede hacer respirar al movimiento. No tanto por el dinero gastado -que es fundamental- sino por la planificación. En un país en el que todos miran al pasado, los larianos se han proyectado hacia el futuro, y su estilo de juego, guiado por Cesc Fàbregas, lo demuestra.

Regate e intensidad

Uno de los temas más debatidos cuando se habla de la crisis del fútbol italiano es el regate: frente a un panorama europeo en el que los equipos más fuertes del mundo prosperan gracias a extremos formidables en el uno contra uno –Lamine Yamal, Ousmane Dembélé, Michael Olise, Jérémy Doku, Vinícius JúniorItalia, en la práctica, no los produce. La selección, de hecho, juega sin extremos ofensivos altos, que entre el bajón de Federico Chiesa y los continuos problemas de Nicolò Zaniolo, prácticamente no existen.

No es solo una cuestión de la selección, sino del campeonato: en ninguna liga se regatea menos que en Italia. Lidera la clasificación La Liga, con 31,87 regates por jornada; luego Ligue 1 con 30,73, Premier League con 29,99, Bundesliga con 27,28 y finalmente la Serie A con 26,96. El Como, en el mercado, ha elegido seguir la dirección del fútbol europeo: extremos jóvenes, explosivos y muy hábiles en el uno contra uno. Es el caso de Jesús Rodríguez, clase 2005 llegado del Betis; Jason Addai, también de 2005 llegado del AZ; pero también Nicolas Kühn del Celtic (que está encontrando poco espacio) o Assane Diao, fichado en enero del Betis, que volvió al gol precisamente contra el Pisa tras un impacto devastador en el duelo directo ante la Roma, que puso fin a un periodo complicado por las continuas lesiones.

Se trata de perfiles llegados por cifras entre 20 y 25 millones, no pocas, pero Jesús, Diao y Addai, al igual que Nico y Jacobo Ramón, cuando llegaron apenas contaban con algunas apariciones en el primer equipo de sus clubes. Aquí empieza el trabajo de Cesc, que los selecciona con la ayuda del scouting y de los analistas -que trabajan mucho con datos- y luego maximiza su potencial insertándolos en el mejor contexto posible para su crecimiento. Ver un partido del Como es como sintonizar un campeonato diferente respecto al resto de la Serie A: se arriesga, se regatea y la intensidad suele ser altísima.

No por casualidad, el Como es también uno de los equipos con mayor índice de presión del campeonato: defiende presionando arriba, pero cuando la condición física baja, como ocurrió en febrero, Cesc también sabe adaptarse, y lo demuestran los dos partidos ante AC Milan y Juventus, jugados con defensa de cinco y un bloque más bajo y compacto, pero capaces de aportar cuatro puntos.

Defensa y planificación

Se vuelve difícil, para sus detractores, criticarlo cuando Cesc, con solo 22 goles encajados, además del segundo mejor ataque (53 goles a favor), tiene también la mejor defensa del campeonato. Y aquí es imposible no reconocer los enormes méritos de su entrenador: la pareja de centrales del Como está formada por Diego Carlos, 33 años, dado por acabado por todos tras su experiencia negativa en el Fenerbahçe; y Jacobo Ramón, directamente del Castilla, con apenas tres partidos en el primer equipo el año pasado.

Al verlo jugar, ya parece un veterano de la Serie A pese a tener solo 21 años. Apenas 5 millones invertidos entre la cesión de Diego Carlos y el traspaso de Jacobo (sobre el que el Real Madrid mantiene el 50% de una futura venta y una opción de recompra por 8 millones). El Como planifica, gasta bien e inserta a cada jugador en el contexto ideal para rendir.

Otro ejemplo es Tasos Douvikas, 7 goles en La Liga con el Celta de Vigo hace dos años, llegado por unos 13 millones de euros, hoy segundo máximo goleador de la Serie A con 11 tantos y dueño de un puesto de titular que Álvaro Morata, por ahora, no es capaz de poner en duda. En el tercer puesto de la tabla de goleadores aparece otro jugador del Como: Nico Paz, con 10 goles.

En un país futbolísticamente conservador, nostálgico y ligado a la tradición, el proyecto del Como y Cesc Fàbregas, con el apoyo de los recursos de la propiedad, está introduciendo una forma diferente de entender y hacer fútbol. En el postpartido, como suele ser habitual, el técnico catalán no se desvió: “Nuestra Champions es la del trabajo, trabajar con una visión de futuro en un club serio”. Con un cuarto puesto que defender, sin embargo, el Como merece soñar, para transformar en realidad un sueño que enviaría una señal clarísima a todo el campeonato: el futuro es ahora. Y no espera a nadie.

Leave a Reply