Luchó en el bando nazi, le explotó una granada en los pies… y terminó siendo leyenda del Manchester City
Hay muchas personas que piensan que no existen las segundas oportunidades, que no todo el mundo merece ser perdonado. Pero esta es una historia diferente: la de Bert Trautmann, leyenda bajo palos de Manchester City, que consiguió el perdón de un país entero, pasando de villano a héroe, gracias, en gran parte, al fútbol.
Trautmann no tuvo una infancia sencilla. Nació en una época de posguerra marcada por una difícil situación económica. Hijo de un obrero y de una ama de casa, a los diez años fue inscrito por sus padres en una organización juvenil que, bajo una aparente vocación deportiva, ocultaba en realidad un fuerte sistema de adoctrinamiento nazi. Allí se crió recibiendo lecciones de ideología aria.
La “verdadera historia” del soldado nazi que se convirtió en una leyenda del Manchester City
En 1956, con 17 años fue voluntario en el ejército alemán para militar en la Segunda Guerra Mundial. Todos sus amigos lo hicieron. “A esa edad no tienes conciencia de ti mismo, ni personalidad, no te ofreces voluntario para matar gente. Lo haces para defender la tierra de tus padres”. Reconoció Trautmann en el documental de televisión española.
No te ofreces voluntario para matar gente. Lo haces para defender la tierra de tus padres
Bert fue trasladado al frente occidental como paracaidista. Las duras condiciones del terreno, el clima adverso y la propia guerra provocaron que, de 1000 soldados, solo sobrevivieran 90. Trautmann fue uno de ellos y recibió cinco medallas por mérito militar.Vio cómo sus compañeros morían y eran enterrados en fosas comunes, y durante la retirada, una granada le explotó cerca de los pies, aunque no le provocó heridas graves. “Si hubiera sido un poco mayor, probablemente me habría suicidado”, explicó.
Si hubiera sido un poco mayor, probablemente me habría suicidado
Posteriormente, volvió al frente en la batalla de las Ardenas. Permaneció tres días atrapado bajo los escombros tras un bombardeo, pero consiguió huir. Finalmente, con 22 años fue capturado y trasladado como prisionero de guerra a un campo de prisioneros en Essex, en Bélgica. Más tarde en Inglaterra. Tuvo una hija y la llamó Greta, como su madre. Pero no pudo con la responsabilidad y la abandonó.
De prisionero a portero de éxito
Allí se disputaban partidos entre soldados y prisioneros y, aunque nunca había tenido experiencia en el fútbol, le asignaron la portería. Su pasado como paracaidista, unido a un físico casi atlético, buenos reflejos, agilidad y valentía, le permitió destacar desde el inicio. Su talento bajo los palos le brindó la oportunidad de dar un giro drástico a una vida marcada por malas decisiones y, finalmente, brillar. Dos años después, consiguió un contrato en el St Helens Town, donde comenzó a sobresalir y a convertirse progresivamente en un portero profesional.
Recepción hostil
Su nivel llamó rápidamente la atención de grandes clubes, entre ellos el Arsenal y el Manchester United. Sin embargo, fue finalmente el Manchester City quien lo fichó. Su llegada fue turbulenta: la comunidad judía no aceptó su incorporación y hubo manifestaciones y protestas. Desde las gradas le gritaban “nazi”, e incluso algunos equipos amenazaron con boicotear los partidos en los que el guardameta participara.
Finalmente, Eric Westwood, representante de la comunidad judía, hizo un comunicado que contribuyó a rebajar la tensión: “No podemos castigar a un alemán por todo lo que hizo un país”. Posteriormente, el guardameta fue ganándose poco a poco el cariño del público gracias a su fútbol.
No podemos castigar a un alemán por todo lo que hizo un país
Un histórico del Manchester City
Trautmann fue el guardián de la portería del Manchester City desde 1949 hasta 1969 durante 545 partidos. Para entonces, todo había cambiado: en 1956 fue nombrado Futbolista del Año por la Asociación de Escritores de Fútbol, y en 1964 fue elegido en el 11 del equipo ideal, compartiendo equipo con jugadores como Bobby Charlton.
Jugó una final con el cuello roto
Sin embargo, por lo que verdaderamente se le reconoce como un héroe fue por disputar la final de la FA Cup ante el Birmingham. Con un resultado favorable de 3-1, los rivales intentaban recortar la ventaja con un centro raso a falta de 15 minutos. Bert salió con todo, lanzándose de cabeza para despejar, logró desviar el balón y chocó con la rodilla de un rival, quedando aturdido. Sin embargo, el alemán se puso en pie dispuesto a terminar el partido y realizó paradas determinantes que finalmente le dieron el trofeo al Manchester City. Lo sorprendente es que, tres días después, una radiografía mostró que se había roto el cuello, fracturándose una de sus vértebras.
Así fue como un hombre que tomó malas decisiones de joven y que tuvo una infancia complicada consiguió ganarse el afecto de todo un país gracias al deporte. El portero dijo en El País. “El mayor honor para mí fue que me aceptaran como ser humano. Me siento más inglés que alemán”.
El mayor honor para mí fue que me aceptaran como ser humano
Finalmente se retiró en 1964; sin embargo, no dejó el fútbol. En lugar de estar en la portería, cambió su rol a los banquillos como entrenador. Asesoró a Alemania en el Mundial de 1966, entrenó a equipos de su país de origen y, finalmente, aceptó uno de sus desafíos más importantes: ser seleccionador de Pakistán.
Su última etapa de su vida la pasó en Valencia, ya jubilado, se compró una casa allí. Se reconcilió con su hija Greta y falleció en 2013 a los 89 años. Una historia llena de altibajos a la que se le hizo una película llamada ‘The Keeper’, dirigida por Marcus H. Rosenmüller.
The Keeper
En 2004 se le rindió homenaje con la construcción de una estatua en las inmediaciones de las instalaciones del Manchester City. Más tarde, la Reina Isabel II lo nombró Caballero de la Orden del Imperio Británico por su contribución al entendimiento entre el Reino Unido y Alemania a través del deporte. Grandes leyendas como Lev Yashin o Alfredo Di Stéfano también le rindieron tributo en su día.