De tumbar al Real Madrid al pozo de Noruega: el crepúsculo del Rosenborg
Había un tiempo, no hace tanto, en que el color negro infundía terror en el fútbol vikingo, cuando el Rosenborg dominaba con puño de hierro e incluso le permitía dar algún zarpazo en competiciones europeas.
De larguísimo es el club más seguido y con más títulos en el país, y por aquí abajo se recuerdan duelos de Champions contra el Real Madrid alrededor del 2000.
Las bolas del sorteo hicieron que coincidieran tres veces en nueve años en la fase de grupos de la Champions League. Llegaron a imponerse a los merengues con Hierro, Raúl, Mijatovic y compañía… la temporada que ganarían la Séptima.
Era cuando Rosenborg ganaba ligas, pasaba rondas europeas y NilsArne Eggen, su entrenador más mítico, se ganó tener una estatua arengando a las puertas del estadio de Lerkendal. Es todo lo que queda de aquel ímpetu, aquella garra y espíritu ganador que gobernaba Escandinavia.
La última liga cayó en 2018, era la cuarta seguida y la número 26 para el club. El segundo equipo con más campeonatos noruegos tiene 9, números que explican lo dominante de un club que empezó a ganar en 1967.
Desde entonces, como si una bruja vikinga hubiera echado un mal de ojo al equipo de Trondheim, la fuerza del color negro se ha ido diluyendo y ha dejado paso al amarillo de Bodo/Glimt.
Si antes el estadio Lerkendal imponía respeto ahora es lugar de asalto de cualquier equipo de la liga. Donde antes rugía Kjermen (el nucleo) en una grada impulsada por títulos y juego, ahora aparecen asientos vacíos.
Los aficionados están cansados de enfundarse gorro y bufanda negros para protegerse del frío y la nieve, y andar bordeando el río Nidelva, los veinte minutos que van desde el pintoresco barrio de Bakklandet, hacia al estadiopara volver a ver perder a su RBK.
El lunes Rosenborg perdió 2-0 en casa de KFUM Oslo: un club en la tercera temporada de su historia en la máxima categoría, en un estadio donde se debe cruzar una calle para ir del vestuario al campo, contra un equipo que acaba de perder a su entrenador.
Rosenborg está en descenso, penúltimo, después de ya un tercio de la liga jugada. Hace tres semanas Alfred Finbogasson, aquel delantero islandés que pasó por la Real Sociedad, a los cuatro meses de empezar su primera aventura como director deportivo, decidió prescindir de Alfred Johansson como entrenador.
Después de tres partidos y haber recogido sólo tres puntos, todavía no hay un sustituto que recomponga el grupo y el viernes reciben a Bodo/Glimt, la sensación de la última Champions League, en el último partido antes del parón por el Mundial.
Pinta mal, negro como sus propios colores, para un equipo que una vez fue dominador y si no espabila sumará su tercer descenso a la segunda categoría.