Bela Guttmann, contra rabinos y nazis

El nombre de Bela Guttmann (1899-1981) es sagrado para el Benfica. Es el entrenador que le dio sus dos Copas de Europa y el dueño de una maldición que tiene más de imaginación que de realidad. Pero su vida esconde dramas propios del siglo pasado.

Guttmann nació en la Budapest del Imperio austrohúngaro. Allí, en 1909, Fritz Löhner-Beda (libretista de cabaret, compositor y escritor que perdería la vida el 4 de diciembre de 1942 en Auschwitz) y un dentista llamado Ignaz Herman Körner desarrollaron la idea de crear un gran club deportivo por y para judíos.

Aunque su objetivo era pelear contra los estereotipos que acompañaban a su pueblo, su primer movimiento no hizo otra cosa que poner en bandeja a sus enemigos un argumento que explotaban día tras día: el dinero que manejaban los judíos. El Hakoah buscó en todos los rincones del Imperio para fichar a los mejores jugadores de fútbol de sangre hebrea, a los que no dudó en pagar el triple de lo que ganaban en sus clubes. 

Bela Guttmann, como jugador del Hakoah.

Si para los jugadores era obligatorio ser judío, los directivos no pusieron ese filtro para los entrenadores y viajaron a Inglaterra en busca de los mejores. Nacía así un poderoso equipo de fútbol en la capital austriaca.

Seguridad

El sentimiento antijudío ya era fuerte en Viena y la aparición del Hakoah en los campos de fútbol hizo que se convirtiera en una diana fácil. Los gritos de “cerdos judíos” o “sucio judío” eran habituales en sus partidos, en una ciudad —Viena— en la que un joven llamado Adolf Hitler vivía en 1910 vendiendo cuadros y empapándose de un antisemitismo que dos décadas después haría temblar al mundo. Las actividades del Hakoah se convirtieron en una obsesión para el futuro líder nazi y para quienes lo rodeaban.

Tal era la tensión en los partidos del Hakoah que el club decidió colocar en la grada, junto a sus seguidores, a Mickey Herschel, campeón de lucha libre de sangre judía, acompañado de otros luchadores del club para formar un verdadero cuerpo de seguridad.

El momento estelar en la historia del club judío llegó en 1925. Con Guttmann como gran estrella, el Hakoah (26 puntos) logró el título de Liga por delante del Amateure Vienna (24) y el First Vienna (23). Era el campeón del primer campeonato profesional de Austria.

Aquel título, el único en la historia del club, supuso también el comienzo del fin. El éxito y la popularidad del equipo y de sus estrellas llevaron al Hakoah a realizar una gira por Estados Unidos. Allí fueron recibidos en la Casa Blanca por el presidente republicano Calvin Coolidge. 

El equipo fue acogido con entusiasmo por la comunidad hebrea, pero acabó provocando una importante brecha cuando un grupo de rabinos notables firmó una carta condenando que el equipo disputara varios partidos en sábado, el día de descanso en la religión judía.

La Jewish Sabbath Alliance of America explicaba así su postura: “Es el objetivo de la Alianza no solo protestar contra el partido propuesto en el día de reposo a través de los periódicos, sino también hacer un llamamiento a todas las sociedades judías y a las sinagogas de la ciudad para protestar contra este hecho. 

Se pide a cada rabino que comunique esta postura en su sinagoga”. Aun así, sus partidos en Nueva York y en el estadio de los White Sox de Chicago reunieron a más de 40.000 personas.

Algunos jugadores del Hakoah, entre ellos Guttmann, se quedaron en América. En 1933, Bela regresó a Viena arruinado, tras el desplome de sus negocios —legales y clandestinos— con el crack de 1929.

Ocupación y horror

Los nazis tomaron Budapest. Guttmann inició una relación con una mujer no judía, Mariann Moldován. Su hermano, Pál Moldován, lo escondió en su ático. Pál fue arrestado, interrogado y torturado, pero nunca lo entregó. Agobiado por el encierro, Guttmann se arriesgó a salir a la calle, hasta que decidió entregarse voluntariamente a un campo de trabajos forzados.

Su estatua en Da Luz.

Su estatua en Da Luz.RUI RAIMUNDO

Cuando vio que el traslado a Auschwitz era inevitable, logró escapar y sobrevivir en la capital húngara durante las semanas finales de la guerra, escondido en una fábrica. Al recuperar la libertad tenía 46 años y nada quedaba de la Budapest judía en la que creció.

En 1945 se casó con Mariann y volvió al fútbol para convertirse en un entrenador de leyenda. Nunca le gustó hablar demasiado de los horrores de la guerra, del gueto de la capital húngara —a pocos pasos del estadio en el que en 1939 dirigió al Újpest para ser campeón de la Copa Mitropa—, la primera competición de clubes creada en Europa.

Leave a Reply