El Dortmund y la aceptación de la mediocridad
Hummels siempre tuvo razón. La leyenda del Dortmund fue echado por la puerta de atrás tras llevar al equipo a la final de la Champions en 2024, acusado de ser demasiado autocrítico. Días antes, el central señaló públicamente el planteamiento táctico “sumiso” y defensivo de Terzić en varios partidos de Bundesliga. La relación con el técnico se iba deteriorando, mientras que su carácter crítico y el peso que tenía en el vestuario agotaron la paciencia de la directiva.
La semana pasada, el actual entrenador, Niko Kovač, encendió la polémica con unas declaraciones que sentaron fatal a la afición: “No podemos competir con el Bayern, creo que todo el mundo lo sabe. El Bayern no solo lidera la Bundesliga, también está entre los mejores de la Champions League. Eso significa que tienen un nivel propio, que no se ve en el resto de la Bundesliga en este momento. Sabemos dónde fichan sus jugadores y dónde fichamos nosotros. Así son las cosas. Todos tenemos que aceptarlo. Al comienzo de la temporada dije que queríamos asegurarnos un puesto entre los cuatro primeros lo antes posible”.
Las consecuencias de las palabras de Kovač
Esa rendición verbal ha dejado a Kovač en una posición muy delicada. Sus palabras fueron un auténtico terremoto mediático que expusieron una mentalidad conformista y dejaron claro el bajo listón en los objetivos del club. Rebajar la ambición a clasificarse para la Champions en lugar de competir por títulos es, para muchos, aceptar la hegemonía del Bayern y traicionar el espíritu de los westfalianos.

Nico Kovac durante el partido ante el Tottenham / Associated Press/LaPresse / LAP
En Dortmund se pueden permitir no ganar la liga, conscientes de la fuerza económica de un Bayern que siempre ha dominado Alemania, pero nunca se perdona dejar de intentarlo. La sensación general es que el técnico ha bajado los brazos antes de tiempo, algo imperdonable en el Signal Iduna Park y para la identidad competitiva y de resistencia que tanto le ha caracterizado a lo largo de su historia.
Desde aquellas declaraciones, el Dortmund sufrió para derrotar al colista, el St. Pauli, con un penalti de Emre Can en el minuto 95 (3-2). Y ayer ofreció una imagen paupérrima cayendo 2-0 ante el Tottenham en la Champions, una derrota que el propio Hummels calificó de “indigna”.
El excapitán no dejó pasar la oportunidad de señalar el daño que han hecho las palabras de Kovač: “Los hinchas del Borussia Dortmund quieren ver un fútbol atractivo y dominante. Quieren sentir que el juego del equipo los va a llevar a la victoria. Sin embargo, ahora deben sudar la gota gorda, incluso con una ventaja de dos goles ante el St. Pauli”.

Los jugadores del Dortmund aplauden a la afición / Kin Cheung / AP
La fuga de estrellas
Antes del último partido, Hummels también habló de cómo esta mentalidad pobre afecta a la retención del talento, como el caso de Nico Schlotterbeck, cuyo futuro parece lejos de Dortmund en busca de un salto competitivo y de títulos: “Un jugador tan bueno como él, naturalmente, no solo quiere tener la posibilidad de levantar la Legends Cup dentro de diez años, como hice yo, sino también lograr algo más grande antes de eso”.
Otra crítica evidente a la falta de ambición que él mismo denunció antes de irse a la Roma. El Dortmund debe quitarse las etiquetas de ‘segundo del Bayern’ o que se le reduzca a un club ‘formador del talentos’ si queire evitar que jugadores competitivos como Shloterbeck se vayan en busca de equipos con más hambre. Hummels, que sabe lo que es ganar una Bundesliga con el Dortmund, también sabe lo que hace falta para volver a hacerlo. Y, una vez más, tuvo razón.