La Champions se aprieta, pero no se democratiza
La Champions League en su formato de liga ha dejado de ser una incógnita estadística para convertirse en un objeto de análisis sólido. El último informe de Football Benchmark sobre la temporada 2025-26 permite observar patrones financieros y deportivos que confirman una realidad que muchos intuíamos, pero que ahora pueden cuantificarse.
El primer gran dato que deja este informe es que la jerarquía tradicional del fútbol europeo no se ha reinventado, se ha reafirmado. Los clubes con plantillas más valiosas y una mayor capacidad de generación de ingresos siguen ocupando los puestos altos de la clasificación y, como consecuencia directa, se llevan la mayor parte del premio económico ligado a la competición. Pero hay matices que merece la pena resaltar si uno quiere entender cómo se ha movido la Champions en su primer ciclo completo de liga.
Dinero estimado por club en la fase liga
Para empezar, todos los equipos que participan en la fase liga tienen una base económica asegurada: recibir una cantidad fija (18,62 millones de euros), por entrar en la fase, que actúa como piso de ingresos para cada club. A partir de ahí, el dinero crece de forma combinada por resultados deportivos (victorias y empates), posición final en la tabla y lo que el informe denomina ‘value pillar’ —una ponderación que mezcla el coeficiente UEFA histórico con la capacidad comercial y mediática del club—.
La historia es un valor importante
El impacto de este ‘value pillar’ es clave: significa que no todos los puntos valen lo mismo para todos.Clubes con mayor historia, mayor exposición mediática y mejores coeficientes acumulados reciben un extra, incluso cuando su rendimiento deportivo no es superior al de determinados rivales más modestos. Esto introduce una dimensión de continuidad de ventaja para los grandes, algo que los datos de la temporada refrendan de forma nítida.
Según el informe, los clubes que acaban entre los ocho primeros en la fase de liga manejan ingresos estimados que superan los 90 millones de euros solo en concepto de fase de liga. El siguiente bloque —del 9º al 24º— se sitúa en un rango más amplio y menos uniforme, entre cifras que rondan 50 y 80 millones, mientras que incluso los eliminados aseguran cantidades que para muchos clubes de mercados medios o pequeños suponen una parte enorme de su presupuesto anual.
Esta distinción es importante: para los ‘big 5’ europeos, el dinero de la Champions no es el pilar central de sus finanzas, sino uno más dentro de un ecosistema diversificado. Para clubes de ligas menores, en cambio, la Champions puede cambiar el tablero financiero completo: ingresos que superan lo que ganan en una temporada sin competición europea, estabilidad presupuestaria garantizada y —en ocasiones— margen para invertir en infraestructura o plantilla.
Por ejemplo, el Mónaco, el Union Saint-Gilloise y el Olympiacos generaron premios en metálico equivalentes a más de la mitad de sus ingresos operativos más recientes. Y el Qarabag y el Bodo/Glimt han generado premios totales que superan sus ingresos operativos anuales más recientes
Porcentaje obtenido sobre sus ingresos operativos
Valor de plantilla y rendimiento: correlación con matices
En cuanto a la relación entre valor de plantilla y posición final en la fase de liga, los datos muestran que sigue existiendo una correlación clara: cuanto más valiosa es la plantilla, mayores probabilidades de terminar en la zona alta. Siete de las nueve plantillas más valiosas terminaron entre las nueve mejores. El Arsenal lideró la fase liguera con la segunda plantilla más valiosa (1.430 millones de euros).
Pero esta relación no es determinista. Hay equipos con valor de mercado medio que han superado lo esperado y equipos con plantillas ultra-valoradas que no consiguieron la clasificación directa a octavos. Por ejemplo, el Sporting, con una plantilla valorada en 432 millones de euros, terminó séptimo. En el extremo opuesto, el Real Madrid, que ostenta la plantilla más valorada de la competición (1.460 millones de euros), terminó noveno. O el actual campeón, el PSG, que fue undécimo.
Valor de plantilla de los 36 equipos de la Champions
Esto pone de manifiesto que el nuevo formato, con más partidos y más competencia real jornada a jornada, reduce el margen de error y obliga a mantener niveles altos de rendimiento en la totalidad de la fase.
Quizá el dato más revelador es que la mayoría de los partidos de la última jornada de la fase de liga tenían implicaciones directas para la clasificación, acceso a play-offs o eliminación, algo que en la vieja fase de grupos era mucho menos frecuente. Solo seis de los 36 equipos llegaron a la última jornada sin nada en juego, en comparación con 20 de los 32 de la última fase de grupos. Esta tensión competitiva extendida —partidos donde no hay nada en juego eran una constante en el pasado— ahora es la excepción; el formato convierte cada partido en una decisión estratégica.
Al final, el nuevo formato no ha democratizado la Champions, ni ha alterado radicalmente quién domina Europa. Lo que ha hecho es crear más fricción, más consecuencias reales por cada punto y una distribución de ingresosque, sin desequilibrar por completo, sí redistribuye la importancia de los resultados en función de múltiples variables económicas y deportivas. Eso abre una nueva manera de leer la competición: donde antes solo importaban los octavos y cuartos, ahora cada partido de liga tiene peso y razón de ser en la cuenta de resultados.

