la historia del abrazo que retrató la locura en Da Luz

Minuto 98 en el Estadio da Luz. Trubin cabecea el milagro, el balón entra y José Mourinho salta como un resorte en su área técnica. En medio del delirio, sus ojos encuentran a Francisco Miguel Almas Carreto Cunha (Lisboa, 2012), benfiquista hasta el tuétano y recogepelotas en el infierno donde sucumbió el Madrid. Se funden en un abrazo que resume todo: décadas de experiencia contra años de esperanza. La gloria conquistada frente a la gloria soñada. 

Cristiano Ronaldo y Kevin De Bruyne son dos de sus referentes, los espejos en los que mira su juego, pero esa noche, delante del banquillo del Madrid —Mourinho pediría perdón después—, Francisco abrazó algo que casi ningún ídolo puede darle: la certeza de que el fútbol, cuando quiere, te elige a ti. Un adelantado regalo de cumpleaños que recordará toda su vida. 

Mourinho y Francisco.LaPresse

La historia de este mediocentro con raíces angoleñas comenzó mucho antes. A lossiete años entró en el Seixal, esa fábrica de talento que produce futbolistas por castigo. A los 10 firmó con Nike su primer contrato profesional, un adelanto de lo que podría venir. Esta temporada lleva cinco goles en 16 partidos con el Infantil. Ha ganado torneos nacionales e internacionales, ha compartido campus con generaciones que ahora miran al primer equipo, y tiene un objetivo grabado en la cabeza. El de Anísio Cabral, el chico que hace unos meses levantó el Mundial sub 17 en Catar y poco después debutó con el Benfica justo antes de medirse al Madrid. Ese es el camino. Esa es la meta.

‘Made in Seixal’

Pero el Seixal no es cualquier cantera. Es una máquina perfectamente aceitada que el CIES coronó como la más rentable del mundo: 93 jugadores formados activos en 49 ligas, 2.582 minutos de media por futbolista, por delante del Barcelona y River Plate. Más del 80% de quienes pasan por allí acaban siendo profesionales. En la última década han vendido más de 1.000 millones de euros en talento: Rúben Dias, Renato Sanches, Joao Félix, Joao Neves, o Gonçalo Ramos

Mourinho corrió poseído con Francisco bajo su brazo, como si en ese momento se resumiera todo lo que significa defender el escudo del Benfica. En ese lapso de tiempo, el chico dejó de ser solo un canterano con potencial para convertirse en la postal de una locura colectiva. Y si algún día llega al primer equipo, si algún día levanta un trofeo o marca —ese primer gol con las águilas que ya sabe que dedicará a sus padres—, recordará que todo empezó con un portero que subió en el último minuto y hubo un abrazo que lo cambió todo.

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