Lo peor de Guardiola es que muy maniático, pero lo tiene todo preparado
David Silva anunció su retirada en 2023. El canario, considerado uno de los futbolistas españoles más finos de su generación, repasó en el pódcst ‘El Camino de Mario, de Mario Suárez, su década en el Manchester City como una etapa que no solo definió su carrera, sino también su visión del juego. Tras años de crecimiento en España, además de en la selección durante el 2010, y una madurez adelantada por su paso por el Valencia, Silva encontró en la Premier League un escenario que elevó su fútbol a una dimensión histórica.
A pesar de no haber jugado en Real Madrid o FC Barcelona, algo que él mismo reconoce como un factor de menor impacto mediático en España, su figura en Inglaterra creció hasta convertirse en una leyenda, con estatua incluida en el Etihad. El canario recuerda que su llegada al City en 2010 fue la “mejor decisión” de su carrera. Roberto Mancini fue quien insistió en ficharlo antes del Mundial, aunque por aquel entonces también el Real Madrid y el Barcelona tantearon su incorporación.
El Valencia no vendía, pero cuando llegaron los problemas económicos la operación se destrabó: “Al final, tomé la mejor decisión”, recuerda Silva. Diez años después, los números lo justifican: 434 partidos, 77 goles, 136 asistencias y una huella histórica en el club.
Su experiencia con Pep Guardiola
Sus primeros meses en Inglaterra, sin embargo, no fueron fáciles. Silva admite que le costó adaptarse al físico y al ritmo del fútbol inglés: “O me pongo bien físicamente o estoy muerto”, pensó entonces. Lo logró, y pronto se convirtió en un referente en el vestuario. Entre los compañeros que más le marcaron destaca a Carlos Tévez, cuya competitividad y carácter eran el motor de aquel primer City que iniciaba su camino hacia la élite.
Pero el salto definitivo en su carrera llegó con la llegada de Pep Guardiola. Silva lo describe como un entrenador de otro nivel: “Trabajar con él era otro nivel. Lo tenía todo preparado. Ya sabía todo lo que iba a hacer el otro equipo”. Con Pep, además, cambió su posición: empezó a jugar más en el medio, participando en la base de la jugada, lugar donde su inteligencia brilló más que nunca. El fútbol se volvió más estructurado, más cerebral, más anticipado: “No me pude despedir por el Covid, porque cuando haces 10 años en el club, te hacen un partido homenaje. Pero tengo mi estatua”, recuerda.
Sin embargo, Silva también señala el lado más complejo de trabajar con Guardiola: “Con él empiezo a jugar en el medio. Lo peor es que es muy maniático. No te da mucha libertad”. Para un futbolista creativo, acostumbrado a improvisar, ese rigor podía resultar asfixiante por momentos. Aun así, reconoce que la exigencia del técnico catalán fue clave para llevar al City a un nivel competitivo nunca visto antes en el club y para ampliar los límites de su propio juego.
El ídolo de Foden
La relación con Guardiola también tuvo un componente humano importante. Pep lo consideraba un referente silencioso del vestuario y un modelo para jóvenes talentos. No es casual que Phil Foden, uno de los mayores prodigios de la cantera ‘sky blue’, haya señalado en varias ocasiones que Silva fue su padrino futbolístico. David Silva, por su parte, siente orgullo especial por ese rol de mentor que tuvo durante los últimos años en Manchester.
Su salida del City quedó marcada por un detalle que todavía lamenta: no pudo despedirse con un homenaje sobre el campo debido a la pandemia de Covid-19. El club tenía previsto el tradicional partido tributo por sus diez años, pero nunca pudo celebrarse. Aun así, Silva lo compensa con la estatua que el City le dedicó y que hoy continúa recibiendo fotografías de aficionados que lo consideran uno de los suyos para siempre.
En retrospectiva, cuando Silva habla de su experiencia en el Manchester City y de su tiempo con Guardiola, lo hace con una mezcla de orgullo, gratitud y nostalgia. Fue una etapa que lo convirtió en leyenda y que lo consolidó como un futbolista total. Un jugador que, sin necesidad de vestir las camisetas de Real Madrid o Barcelona, escribió su nombre para siempre en la historia del fútbol europeo y en la memoria de quienes vieron en él algo más que un “mago”: un talento que entendió el juego como pocos y que, bajo Pep, alcanzó su versión más compleja, madura y brillante.