50 años del genial ‘penalti de Panenka’… y del calvario de Maier
Si usted es una persona aficionada al fútbol y analista empedernida del juego y de sus protagonistas, tiene todos los números de ser calificada como ‘Panenkita’. Un término popular que no figura en el diccionario de la RAE pero que surge a raíz de una publicación dedicada al fútbol y editada en Barcelona, que homenajea a una de las figuras que han hecho historia en este deporte. Hoy, 20 de junio de 2026, se cumplen 50 años del día en que Antonin Panenka se convirtió en leyenda del balompié.
Fue en el ‘Pequeño Maracaná’ de Belgrado. Aquel estadio en el que, un año después de aquella gesta, España se clasificó para el Mundial 1978 tras un gol de Rubén Cano con la espinilla a la extinta Yugoslavia y un botellazo a Juanito en la cabeza cuando salía del terreno de juego. Allí se jugó la final de la Eurocopa de 1976, en la que se enfrentaban Checoslovaquia y la República Federal Alemana.

Panenka, besando la Eurocopa conquistada en Belgrado / UEFA.COM
Los alemanes, que habían derrotado a la anfitriona Yugoslavia en semifinales, partían como favoritos frente a los checoslovacos, que derrotaron un día antes a Países Bajos de Cruyff, Neeskens y compañía. En ambos partidos, tras la prórroga de 30 minutos. Curiosamente, en el partido de consolación ganado por Países Bajos también hubo tiempo extra… y en una final que llegó a la tanda de penaltis para decidirla.
Igualdad total
Checoslovaquia llegó a dominar por 2-0 a los alemanes en el minuto 25 con los tantos de Svehlik y Doblas, pero Dieter Müller recortó distancias en el 28’ y Bernd Holzenbein llevó la final a la prórroga en el último minuto. No hubo goles en el tiempo extra y sí en la tanda decisiva. Empezaron tirando los checoslovacos y no falló nadie hasta el cuarto lanzamiento alemán. Uli Hoeness envió el balón a las nubes ante el meta Viktor.
Quinto chut de Checoslovaquia. El número 7 toma el balón. Un futbolista melenudo y de prominente bigote mira al mítico Sepp Maier. Es Panenka. Un especialista desde los once metros, casi fanático del arte del penalti. Tiempo después, confesó que después de los entrenamientos con su equipo durante catorce años, el Bohemians de Praga, se apostaba chocolatinas y cervezas con el portero del equipo a que le marcaba penaltis. Dice que pagó más de una… pero también se comió y bebió muchas más.
En alguna ocasión, había tratado de despistarle de una forma peculiar. Aprovechando que normalmente el portero se vencía hacia un costado, realizaba un suave toque por el centro. Naturalmente, si sale mal, es una pifia de campeonato. Y si sale bien, es una genialidad de bandera que también suele frustrar al guardameta de turno. En amistosos y en apuestas es cómodo intentarlo pero… ¿atreverse en la final de un campeonato de Europa?
La gloria inesperada
Y Panenka se atrevió. Maier aguantó lo que pudo pero apostó por tirarse hacia su izquierda. El ‘7’ chutó suavemente un pequeño globito que, casi a cámara lenta, entró en el marco alemán ante la frustrada mirada de Sepp. Checoslovaquia se acababa de proclamar campeona de Europa en Belgrado con una acción que nadie podía imaginarse. Solo el bueno de Antonin.
Desde entonces, esa forma de lanzar una pena máxima tiene un nombre: el ‘penalti de Panenka’. O el ‘penalti a lo Panenka’, según gustos y preferencias. Una expresión que ya es tan clásica como el ‘gol olímpico’ –tanto logrado directamente en un saque de esquina- o la ‘folha seca’, referida a aquel lanzamiento de falta popularizado por el brasileño Didi, en el que el balón cae como si fuera una hoja seca. Para el lanzador es la cara amable… pero para el portero rival, una tragedia futbolística. Y más, si le cuesta un título.

Panenka y Maier, en un encuentro años después del famoso penalti / RADIO PRAGA INTERNACIONAL
El silencio de Sepp
“Maier no me habló durante 35 años. Cada vez que nos veíamos se le notaba incómodo y siempre esquivaba hablar del tema, pero no creo que yo le ridiculizara, eso es algo de la prensa. Yo solo quería marcar y ganar”, confesó Panenka tiempo después, en una visita a Barcelona. A sus 77 años, aún conserva su característico mostacho y no se cansa de rememorar aquella gesta a quienes le preguntan por ello.
Muchos han intentado imitar su ocurrencia para sorprender al portero rival. Algunos con éxito, como Zidane en la final del Mundial de 2006 contra Italia, batiendo a Buffon. O Sebastián ‘El Loco’ Abreu en los cuartos de final de la Copa del Mundo de 2010, en la tanda de penaltis contra Ghana para dar el pase a semifinales a los charrúas. Pero también puede salir mal, como al azulón Javi Casquero ante Iker Casillas en un Real Madrid-Getafe de 2009. ¡Incluso el propio Panenka declaró que era el peor penalti tirado a su estilo!

Antonin Panenka, posando años atrás en el estadio del Bohemians / EFE
La Eurocopa de ‘su’ penalti fue su gran éxito deportivo. Panenka jugó entre 1967 y 1981 en el Bohemians y acabó su carrera futbolística en Austria, ya que se trasladó a vivir a Viena. En el Rapid estuvo entre 1981 y 1985, conquistando dos veces la Bundesliga austríaca y tres la Copa del país. Saint Polten, Slovan Wien, Hohenau y Kleinwiesendorf fueron sus otros clubes hasta su retirada definitiva en 1993, con 45 años de edad.
Disputó 59 partidos con su selección y marcó 17 goles. Los dos últimos los anotó en el único Mundial que disputó, el de España 1982. Fue en el Nuevo Zorrilla de Valladolid, contra Kuwait y Francia. Y ambos, de penalti… pero ninguno de ellos ‘a lo Panenka’. Quizá porque pensó que los porteros, conocedores de su fama, le esperaban. Antonin siempre fue una caja de sorpresas, pero la más grande cumple ahora 50 años y nunca se olvidará.