70 cervezas y 15 caipiriñas en un solo día”
El exfutbolista Cicinho ha concedido una durísima entrevista a ‘La Gazzetta dello Sport’ en la que repasó sus años de adicción al alcohol, sus excesos durante su etapa en Europa y su nueva vida como pastor evangélico. “Me autodestruí con el alcohol”, confesó el exlateral, que aseguró haber llegado a consumir “70 cervezas y 15 caipiriñas en un solo día” cuando jugaba en la AS Roma.
Cicinho explicó que su relación con el alcohol comenzó muy pronto: “Probé la cerveza a los 13 años y me enamoré de ella como si fuera una mujer”. Según relató, cuanto más crecía su carrera y más dinero ganaba, más aumentaba su consumo. “Vivía el fútbol así: quería llegar arriba, ganar mucho dinero y divertirme”, afirmó.
El brasileño recordó especialmente su etapa en el Real Madrid , donde aseguró que sus fiestas privadas eran constantes. “Pensé: ‘Perfecto, ahora puedo salir de fiesta para siempre’”, contó sobre su llegada al club blanco. También reveló que acudía a los entrenamientos todavía bajo los efectos del alcohol: “Me acostaba a las cuatro de la mañana y a las ocho estaba entrenando borracho”. Incluso aseguró que ni Fabio Capello sospechaba nada porque “en el campo rendía bien”.
Durante la entrevista también habló de sus tatuajes, vinculándolos directamente a su adicción. “Me tatuaba borracho porque tenía miedo a las agujas y no quería sentir dolor”, señaló. De sus 33 tatuajes, aseguró que “solo ocho” fueron hechos estando sobrio.
Sobre su llegada a la Roma en 2007, Cicinho contó que fue decisiva una videollamada con Francesco Totti. “Los Galácticos somos nosotros, ven aquí”, recordó que le dijo el capitán romanista. Aunque comenzó bien bajo las órdenes de Luciano Spalletti, una lesión de rodilla en 2009 provocó una recaída todavía más fuerte. “Ahí entendí que sufría depresión, aunque no quería admitirlo”, reconoció.
El exinternacional brasileño también desveló episodios internos del vestuario romanista y recordó cómo Bruno Conti intentó ayudarle constantemente: “Me decía siempre: ‘Menos fiestas y más entrenamiento’”.
Ahora, con 45 años, Cicinho asegura haber dejado atrás aquella vida. “Hace 14 años que no bebo”, explicó. Actualmente vive en São Paulo, trabaja como comentarista televisivo y desde hace diez meses inició un camino religioso como pastor evangélico. “Creo mucho en Dios: te ayuda a purificarte del mal”, afirmó. El brasileño reconoció que el apoyo de su esposa fue fundamental para salir adelante: “Ella me salvó”.