Anatomía del penalti de Panenka por el 50 aniversario
P. ¿Y cómo recuerda aquella época que le tocó vivir?
R. Lo viví de manera bastante positiva y agradable, porque al fin y al cabo los deportistas y las personas conocidas tenían una vida un poco mejor, más fácil. Había buenas condiciones para entrenar, buenas condiciones para jugar. Así que, en el fondo, no me puedo quejar. Lo recuerdo con bastante agrado, aunque aquí había un sistema distinto que no permitía, por ejemplo, viajes al extranjero, y no permitía muchas otras cosas. Aquí había un problema, por ejemplo, en que el sistema hacía que todos estuviéramos al mismo nivel. En cuanto alguien empezaba a destacar, fuera como deportista o como artista, inmediatamente lo metían en la fila del resto. Pero teníamos condiciones excelentes para el fútbol y eso, para mí, era enormemente importante. Así que, dicho esto, creo que no me puedo quejar.
P. Si no hubiera metido ese penalti, ¿cree que habría sufrido alguna represalia?
R. Si no hubiera marcado ese penalti así, puede que hoy fuera tornero en la CKD -empresa industrial-, tornero con 59 años de oficio, ¿no? Pero es verdad, y lo digo un poco con sorna, pero es verdad que en aquella época, justo después del Campeonato de Europa, aquí circulaban cosas muy variadas, e incluso se llegó a comentar en algún comité central del Partido Comunista, donde cayó la opinión de que, si no hubiera marcado ese penalti de esa manera, podría haberse interpretado como una falta de respeto al sistema político, lo cual visto hoy parece una broma, ¿no? Así que, por suerte, terminó bien, pero para mí fue una barbaridad que alguien pudiera relacionar algo así con la política, porque para mí era completamente inconcebible.
P. A los 32 años ya se pudo marchar a Austria. ¿Cómo era el vestuario y los entrenamientos? ¿Le sorprendió algo?
R. Había bastantes jugadores que fumaban. Yo en un momento también estuve entre ellos. Yo también fumé, claro que no tanto, pero había muchos jugadores. Y eso venía dado también porque, más o menos, teníamos prohibido fumar, teníamos prohibido beber alcohol, teníamos prohibido comer en domingo, y nos recomendaban que, como mínimo, cuatro días antes del partido no tuviéramos nada con una mujer. Eran cosas curiosas. Estas normas están para incumplirlas. Esa gente también son personas normales, así que yo no veo ahí nada malo.
P. ¿Pensó en jugar en España?
R. Había que tener más de 32 años, lo cual era un ‘asesinato’, porque a los 30 aquí uno ya estaba acabado, ya terminaba la carrera, ¿no? Y, además, había que haber jugado un mínimo de 50 veces con la selección nacional, lo cual también era muy difícil, porque entonces no era como hoy, que se juegan 10 o 15 partidos al año; nosotros jugábamos unos tres, cuatro como mucho. Así que conseguir aquello era difícil, y es verdad que parece que había bastante interés por mí desde el extranjero y tuve incluso una oferta española: era el Real Murcia. Entonces jugaban en primera división y tenían interés por mí, pero yo, al final, digamos que di preferencia a una cierta seguridad, así que preferí jugar en Austria, porque, para mi estilo, para cómo jugaba yo al fútbol, el fútbol español ya está a un nivel mucho más alto, así que a esa edad difícilmente habría podido lograr algo allí, y no quería arriesgarme a que al año me mandaran de vuelta a casa. Por eso elegí la seguridad en el Rapid de Viena, y estoy contento de haber estado allí, finalmente, cuatro años y medio, y creo que hice bien.
P. ¿Y cómo es ahora su vida ligada al Bohemians?
R. Yo siempre me he sentido más jugador que dirigente o entrenador. Yo soy presidente de honor de este club. Mi función no consiste en dirigir el club, en participar en negociaciones, en tener firma autorizada, etc. Mi función es más bien de tipo representativo: alguna relación con socios, patrocinadores, medios, etc. Así que es, digo, un cargo honorífico. Por lo demás, lo intento, porque el deporte como tal me sigue dando un gran placer, una gran alegría, así que intento, en la medida en que mi propio estado de salud me lo permita, todavía darle un poquito a la pelota. Voy a gusto a tenis, voy a gusto a golf, voy a gusto a pádel, así que intento estar muy activo en el deporte, porque, como digo, me hace sentir bien y me divierte enormemente.
Hubo bastante interés por mí desde el extranjero y tuve incluso una oferta española del Real Murcia
P. ¿Se le dan bien?
R. Puedo decir que los deportes que se juegan con el pie se me dan mejor que los deportes que se juegan con las manos.
P. Usted aquí también entrenó a porteros. ¿A alguno de ellos le colaron un penalti a su estilo?
R. No se atrevían. El entrenamiento con porteros es un poco distinto. Teníamos otros problemas, porque yo siempre tuve buena técnica de golpeo, y cuando disparaba contra esos porteros, una vez el entrenador me dijo: “¿Por qué no les metes goles? Luego no tienen confianza, pierden la confianza”. Así que tuve que aflojar un poco, y ya más bien colocaba los balones directamente sobre ellos, para que los atajaran, para que tuvieran confianza.
P. ¿Siente que el fútbol se ha convertido en un negocio?
R. Lamentablemente, hoy la parte económica del deporte supera a la competición deportiva. Se ve claramente solo con el hecho de que, por ejemplo, en el Mundial van a participar 48 selecciones, lo cual a mí me parece exagerado, demasiado. Por lo demás, claro, el fútbol me sigue interesando, pero personalmente, físicamente, solo voy aquí a nuestro club, si jugamos en casa. Por supuesto que voy también a las categorías inferiores, donde uno puede ver jugadores interesantes, cosas nuevas e interesantes que en la Liga no se ven. En cuanto a los jugadores, claro que tengo a dos jugadores que se cayeron de la luna: son Ronaldo y Messi. Creo que esos superan a todos los demás jugadores que hay en este planeta. Pero me gusta mirar a los jugadores que juegan con un estilo parecido al que yo jugaba. Es decir, me gustan los jugadores que son creativos, técnicamente excelentes, que tienen buena técnica de golpeo, que tienen la capacidad de llevar a cabo esa idea, de realizarla. Jugadores así, vistosos, son a los que me gusta mirar.
P. La República Checa vuelve al Mundial después de mucho tiempo.
R. No tengo previsto volar a América, ni verlo allí físicamente. Por supuesto que lo voy a seguir. Me alegra que nuestro equipo se haya clasificado, aunque haya sido con algunas pequeñas dificultades, pero llegamos al Mundial, lo cual es positivo. Voy a seguir nuestros partidos, me hace ilusión, y espero que la República Checa no decepcione y que, como mínimo, pase la fase de grupos, lo que ya sería para nosotros, creo, un gran éxito.
P. Podría ser millonario, por los derechos de autor de ese golpeo al estilo Panenka. ¿Le ha dado vueltas al tema?
R. Ya no le doy muchas vueltas. Hoy ya creo que es tarde para tratar nada. Pero es verdad que entonces, como medio año después del Campeonato de Europa, tuve la oportunidad. Mi mujer trabajaba en Praga en la oficina de patentes. Y cuando iba a verla por allí de vez en cuando, una vez en el pasillo me crucé con su jefe. Y, más bien en broma, o con esa especie de ironía, le pregunté si el penalti se podía patentar. Y lo recuerdo como si fuera hoy. Se llevó las manos a la cabeza y dijo: “Usted se ha vuelto loco. Esto no es algo material. Esto simplemente no se puede, esto no existe”. Pues bien, pasaron unos años, unas cuantas décadas, y resulta que esa idea sí se puede patentar. Pero yo creo que hoy ya es tan tarde que no me merece la pena. Es verdad que si lo hubiera hecho al principio, quizá habría tenido una vida mejor, más rica. Pero no lo lamento en absoluto, prefiero no pensar en ello.
P. ¿Qué sueño le queda por cumplir a Antonín Panenka?
R. Ya estoy en una edad, en una posición, en que uno ya no se imagina muchos sueños ni mucho futuro. Yo estoy contento, me va bien, uno está sin problemas de salud. Soy feliz de poder pisar el campo, cualquier campo, de tener a mi alrededor a un montón de amigos, antiguos compañeros, antiguos rivales, de que nos sigamos viendo. Por supuesto tener un buen entorno en la familia, que creo que lo tengo, porque este año hace 54 años que me casé y sigo teniendo a la misma y única mujer de siempre. Así que eso es muy importante para las personas conocidas: cuando tienen un buen entorno en casa, están satisfechas, y creo que uno no necesita nada más. Siempre me siento satisfecho y siempre estoy contento con lo que puedo hacer.
Pregunté al jefe de mi mujer, que trabajaba en la oficina de patentes, si el penalti se podía patentar. Se llevó las manos a la cabeza y dijo: ‘Usted se ha vuelto loco. Esto no es algo material
ENTREVISTA
Sergio Rodríguez C.
DISEÑO Y MAQUETACIÓN
Emilio Alcalde · Raúl Escudero · MARCANIT
FOTOGRAFÍA
Alejandro Ibáñez
VÍDEO
Alejandro Ibáñez