Si ganamos, a todos nos cambia la vida

Thun es una ciudad de unos 45.000 habitantes, situada a orillas de un lago en el cantón de Berna. Hasta hace poco, quienes querían acercarse al fútbol de élite europea tenían que recorrer 30 kilómetros en coche hasta Berna para ver al Young Boys. El FC Thun llevaba cinco años en segunda división, nunca había ganado una liga en sus 127 años de historia y el verano pasado ascendió con un presupuesto de dos millones de euros en fichajes —el Basel gastó 18— y el objetivo declarado de no descender. Esta temporada lidera la primera división suiza con una ventaja que hace semanas dejó de ser una sorpresa para convertirse en algo parecido a un hecho casi consumado que comparan con el Leicester de 2016.

El hombre detrás del proyecto es Mauro Lustrinelli, que hace veinte años marcó 20 goles en la temporada que llevó al Thun a la Champions League y que ahora dirige el equipo desde el banquillo. A su lado, como presidente y director deportivo, Andreas Gerber, centrocampista de aquella misma generación. Dos leyendas del club que se quedaron, que construyeron algo despacio y que ahora ven cómo el Stockhorn (pico que da nombre al estadio) Arena cuelga el cartel de sold out cada fin de semana. El año pasado venían 3.000 o 4.000 personas a ver segunda división. Ahora son 10.000 cada partido. Algo ha cambiado en Thun.

El Stockhorn Arena, estadio del Thun, y sus vistas.MARCA

El método no tiene nada de misterioso. Bloque bajo, presión alta, contraataque vertical, dos delanteros y dos mediapuntas. Un equipo que juega con el 46% de posesión y que tiene el índice de presión más agresivo de la liga —el mismo PPDA que el Barça o el PSG en sus respectivas ligas—. Y sobre todo, continuidad. Casi el mismo bloque que ganó la segunda división el año pasado, con tres incorporaciones. En el fútbol suizo no se habla de otra cosa.

Uno de los que porta el escudo en el pecho es Genís Montolio, central español de 29 años que llegó al Thun hace dos temporadas después de un recorrido por Villarreal, Espanyol B, Levante, Alavés y Olot. Una trayectoria de filiales y contratos cortos que a los 25 años le dejó al borde de colgar las botas. “La gente se piensa que ser futbolista es solo los que salen por televisión. En aquella época en Segunda B no se ganaba más de 2.000 euros. Yo ganaba entre 1.000 y 2.000. Ya tenía 25 ó 26 años y pensé: ¿qué estoy haciendo?”.

Genís Montolio siendo abrazado por un compañero tras anotar un gol.

Genís Montolio siendo abrazado por un compañero tras anotar un gol.FC THUN

Esta es mi última bala y voy a ir con todo para allá

Genís Montolio, jugador del Thun

Habló con su representante, su mujer, Sara, y su familia. Les dijo que si antes del viernes de esa misma semana no aparecía algo que le hiciera ilusión, lo dejaba. El jueves sonó el teléfono. Era Suiza. La tercera división. Condiciones no especialmente buenas. En lo general, el país tiene fama de sueldos altos y una calidad de vida envidiable, pero en el fútbol los salarios elevados están reservados para los futbolistas del Basel o el Young Boys. El resto cobra como cualquier trabajador cualificado. “Esta es mi última bala y voy a ir con todo para allá”. Se fue solo. Tanto que se dejó el miedo en España.

Un partido del Thun bajo la nieve de esta temporada.

Un partido del Thun bajo la nieve de esta temporada.FC THUN

Sin apenas fichajes y bajo presupuesto

El primer año fue realmente duro. Vivía en una habitación alquilada en casa de un señor mayor, a hora y media en coche del entrenamiento. Rodeado de chicos de 18 y 19 años en un filial, sin hablar el idioma, sin su mujer y sin su gente. “El primer año lo pasé verdaderamente mal. Mentalmente, sinceramente, no sé cómo aguanté. Antes sobrevivía, vamos a decirlo así”. Lo que le mantuvo fue ver que futbolísticamente las cosas funcionaban. A veces es suficiente.

Cuatro años después está en el centro de algo que no tiene precedentes en el fútbol suizo. La explicación, según él, no conlleva una fórmula secreta. “No hemos hecho nada especial. No ha habido una inyección de dinero, ni han fichado nada. Incluso al contrario, hemos seguido el mismo bloque de segunda división, quitando dos o tres jugadores”. Lo que sí hay es un mensaje que no cambia. “Jugáramos contra quien jugáramos, el mensaje del entrenador es el mismo. Ser valiente, dejártelo todo en el campo. En cuanto a intensidad, creo que nadie nos puede ganar”.

No ha habido una inyección de dinero, ni han fichado nada. Incluso al contrario, hemos seguido el mismo bloque de segunda división

Genís Montolio, jugador del Thun

Escuchándole, lo que más llama la atención es la carencia del vértigo, propio de estas temporadas hercúleas. Un equipo recién ascendido que se planta primero en la clasificación y, en lugar de achicarse, se crece hasta plantar cara a los gigantes. “Sería peor gestionar el tema de pelear por el descenso. Verse arriba no nos ha dado vértigo. Al contrario, nos daba más ganas de seguir. Cero presión y es más ilusión que otra cosa”, afirma.

En el vestuario el título sigue siendo casi un tema tabú y las celebraciones son comedidas, pero la sonrisa de Genís lo dice todo. Tras vencer al Basel, solo necesitan un empate en uno de los cinco partidos del grupo de campeonato, el método que mide a los seis mejores entre sí mantieniendo los puntos de la liga regular. “No lo decimos en voz alta porque parece que trae mala suerte. Pero tú lo notas en las caras de la gente, del equipo, que dices que lo tenemos ya. Está mal decirlo, pero es que lo tenemos. Es que es un pasito, es nada”, revela.

Jugadores e hinchas del Thun celebrando la victoria al Basel.

Jugadores e hinchas del Thun celebrando la victoria al Basel.MARCA

La distancia entre el entonces y el ahora es lo que parece haberle dado más serenidad y calma. A principio de temporada le expulsaron en un partido contra el Basel, estuvo tres jornadas sancionado y perdió la titularidad. “En otra época me hubiera enfadado. Pues ahora todo lo contrario: vamos primero, estoy en un buen club, en un gran país y tengo a mi mujer conmigo. ¿De qué me voy a quejar?“. Su padre —futbolero a muerte— le llama después de cada partido y es el que más le ‘pincha’ “porque no se lo cree”.

El salto al olimpo europeo

En las últimas semanas le ha entrado otra cosa en la cabeza. La Champions League. El himno que todo futbolista sueña con escuchar antes de un partido. “Las últimas semanas sí que se me ha venido mucho a la mente. Es imposible no pensarlo. La Champions es otra cosa. Como un Mundial, como una Eurocopa, la Champions es el torneo”. Si el Thun termina primero no accede directamente, tendría que jugar la previa. No le importa. “Salir al campo, escuchar el himno, eso sería increíble”.

Lo dice alguien que hace no tanto estaba valorando dejar el fútbol para siempre. Y si todo sigue igual y acaba en final feliz, Genís se teñirá el pelo de rojo, es su apuesta con MARCA. “Pienso que todos los jugadores, incluso el cuerpo técnico, si ganamos este año la Liga nos puede cambiar a todos la vida”. Su última bala está a punto de dar en el blanco.

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